mayo 28, 2007

Conferencia "Arte y cuerpo"

El pasado 24 de mayo del 2007, se llevó a cabo la conferencia “Arte y cuerpo”, donde participaron los artistas visuales Jorge Roaro, Eduardo del Valle, Enrique Díaz y Penélope Rivera.

Queremos compartir la primera parte de lo expuesto, ponencia del artista visual Jorge Roaro, quien nos compartió parte de su investigación y amablemente vino desde el estado de Querétaro a dar su opinión.

EL MAQUILLAJE CORPORAL COMO ARTE EFÍMERO

Y COMOEXPERIENCIA ESTÉTICA

Por Jorge Roaro

Cuando uno reflexiona sobre el arte, es casi inevitable que aparezca la pregunta ¿en donde se origina el arte? ¿en la actividad creadora del artista, o en la obra misma que éste ha creado, o en las emociones que despierta en aquellos que contemplan la obra? Es fácil aceptar que el arte se encuentra en todo lo anterior, y que una experiencia artística se puede fundamentar desde cualquiera de estas direcciones. Pero, usualmente, nuestra forma de concebir el arte nos obliga a centrarnos en sólo una de estas posibilidades, relegando a las otras. Así, la imagen tradicional del artista que tanto gusta al público (y desde luego, a los artistas) es la leyenda del creador rebelde y transgresor de normas, que a partir de su propia visión y del poder supremo de su inspiración, de la fuerza de su genio, impone la medida del arte. Bajo esta idea romántica, estamos condicionados a imaginar siempre al arte como el resultado de la acción de individuos excepcionales. Por otro lado, los museos y el coleccionismo de arte privilegian necesariamente al objeto de arte (es decir, a la obra coleccionable) como punto fundamental para definir la naturaleza del arte, cuya primera virtud, por lo tanto, es su sentido de permanencia: podemos vivir y sentir como arte las manifestaciones creadoras de pueblos y civilizaciones del pasado gracias a que, antes que nada, su arte sobrevivió y permaneció con nosotros en forma de objetos materiales y palpables.

A partir de las consideraciones anteriores es posible ver con claridad el problema que surge cuando pensamos en el cuerpo humano como objeto y sustento del arte. No me refiero aquí al cuerpo que sirve como inspiración y modelo para las bellas artes, como la pintura y la escultura, sino al cuerpo real, viviente y palpitante, que es él mismo el vehículo para el arte, al moverse, danzar, actuar, o ser maquillado y decorado. Sin duda, el cuerpo humano ha sido el tema más recurrente de la expresión artística, y domina por completo la historia del arte, desde las figurillas talladas del neolítico hasta las imágenes digitales de hoy. Pero nuestra idea artística del cuerpo se centra casi exclusivamente en esas representaciones materiales de la figura humana sencillamente porque han permanecido hasta nuestros días, mientras que toda manifestación artística que tomó como sustento al cuerpo vivo, desapareció junto con éste hace mucho tiempo. El maquillaje y la decoración corporal, la danza, la pantomima, el teatro, el vestido, el canto, las hazañas atléticas, y muchas otras cosas expresadas con y a través del cuerpo desaparecieron sin dejar apenas rastro, y lo que hoy sabemos de ellas es justamente la imagen que recogieron las artes permanentes como la pintura y la escultura, por lo que nuestra visión sigue condicionada por ellas. El arte del cuerpo siempre es efímero: no dura sino el momento de una representación, de una actuación o un baile, o es un maquillaje de unas horas de vida, e incluso en su forma más deseosa de permanencia, el tatuaje, no puede durar más que la vida natural del cuerpo donde se asienta.

Este carácter efímero del arte corporal lo vuelve inadecuado para el tipo de consideraciones que despierta la pregunta inicial con la que comenzamos esta reflexión: ¿en donde se origina el arte? Ciertamente el arte corporal suele tener un carácter anónimo, y en todo caso no es la acción creadora de un inspirado genio individual; tampoco es el objeto mismo, pues siendo un arte efímero, la “obra” material no tiene posibilidad de adquirir una vida propia; y no es tampoco el valor emocional que nosotros le adjudicamos, pues al no haber un objeto, tampoco hay una reacción valorativa que sea perdurable. Por todo esto, es comprensible que ni la historia formal del arte ni la crítica especializada se hayan tomado con seriedad a las manifestaciones artísticas efímeras como el maquillaje, la decoración corporal o el tatuaje.

¿Cómo reflexionar entonces sobre las manifestaciones efímeras del arte del cuerpo? Me parece que el camino más apropiado es desde la consideración de que el arte efímero es ante todo una experiencia estética. Con esto quiero decir que es algo que experimentamos en forma completa y única, a través de nuestros sentidos, y que nos crea una respuesta emocional evidente e inequívoca. Hay que tener presente que la estética, como disciplina de investigación, no tiene ya el día de hoy los supuestos que normalmente se le atribuían en tiempos pasados como fundamentos académicos; esto es, la asunción de que su objeto de estudio es el arte y la belleza, y su meta, el alcanzar racionalmente la comprensión de lo bello. Lejos de eso, la estética no se limita al estudio del arte, sino que apela a toda sensación que nos sea inducida por nuestros sentidos, y no se interesa sólo por nuestra respuesta emotiva ante lo bello, sino ante cualquier cosa que nos haga reaccionar con gusto o disgusto, aprecio o rechazo. Nuestras respuestas emocionales ante todo aquello que afecta nuestros sentidos son complejas y variadas, y ciertamente impredecibles a partir de una mera fórmula conceptual.

Cuando alguien se maquilla o es maquillado, no es un acto que suceda en el vacío, sino que siempre es dentro de un contexto determinado. Puede ser religioso, iniciático, artístico o ceremonial, o meramente un ritual social cotidiano, pero siempre significa algo para la persona que participa, siempre es una experiencia vivida y compartida con cualquiera que sea su espectador. El maquillaje es un proceso de transformación, y aunque perfectamente puede ser un fin en sí mismo, donde el goce estético se da en el acto mismo de la aplicación cosmética, con frecuencia es sólo un primer momento de algo más grande, que implica una culminación de la experiencia transformadora que apenas comenzó con el maquillaje como un primer paso, pero que tendrá su pleno sentido de ser hasta que los cuerpos maquillados y decorados se conviertan en instrumentos e intérpretes de una danza, de una ceremonia, de un ritual místico, o meramente de una pasarela de moda. Sólo en ese momento será completada la transformación, y así adquirirá un sentido estético que abarca la totalidad de la experiencia en la que transcurre la acción transformadora, que si antes, en el primer momento de la aplicación del maquillaje, ya era una experiencia estética compartida entre quien pinta con sus propias manos la piel de otro y aquél cuya piel es pintada, ahora, en cambio, ya es una experiencia colectiva, que adquiere su pleno sentido estético en la suma de todos sus elementos; del maquillaje pintado en los cuerpos, desde luego, pero también del modo y ritmo en que los cuerpos se mueven, en la manera en que son iluminados por las luces u ocultados por las sombras, en el modo en que los cuerpos se confrontan unos con otros o reaccionan ante la música, el frenesí místico o el esfuerzo físico, y finalmente, al ambiente creado por el momento mismo, al ánimo colectivo que puede ser, dependiendo del contexto, cualquier cosa entre lo reverencial y lo profano, entre lo solemne y lo desenfadado, entre lo sensual y erótico o lo brutal e intimidante.

La culminación de la experiencia estética usualmente relacionada con el uso de un maquillaje o decoración corporal suele ser, pues, colectiva y múltiple, pero el sentido de la experiencia misma, aunque creada entre todos los participantes, será diferente para cada persona involucrada en ella. La reacción emocional que cada uno de los participantes tendrá ante la totalidad de la experiencia estética es infinitamente variable, y por ello, la experiencia como tal es irrepetible y única, y así, insubordinable a un canon artístico. Como toda creación efímera, el maquillaje sólo vive y tiene sentido dentro de una ocasión particular, cuya experiencia estética es creada por su propio momento, en la suma de una creación colectiva entre artistas, cuerpos pintados, danza o ritual, chamanes, sacerdotes o maestros de ceremonias, espectadores activos o contemplativos. Entre todos juntos, y cada uno por separado, dan múltiples sentidos e innumerables lecturas a la experiencia estética de lo efímero.

Mayo de 2007

links

Les recomendamos visitar estos links sobre nosotros y temas de interés:


Chilanga banda


Defecito


r-mail


nuevo excelsior


replica 21


mundo hispano


vanguardia


enlace link


el universal


el universal


la jornada


tabasco hoy


crónica

national geographic

am online

amnh

bodyart

cuerpos pintados

a verlo

tatuajes

cuerpos pintados

xinhua net

bodypaint mag


Cuerpos

Universidad del Claustro de Sor Juana

Circo Volador

Cuarto Oscuro

Circo Volador

Secretaría de Cultura DF

La opción

Cultura en red

CONACULTA - FONCA


Tabasco hoy


Cuarto Oscuro


La jornada


El sol de Hidalgo


El sol de Hidalgo

Companía Fonámbules del Teatro

Powered by Blogger